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EDITORIAL: Mandato de Jara es poco inspirador, pero él es también un chivo expiatorio

El tormentoso mandato de Jesús Jara como superintendente del Distrito Escolar del Condado Clark llega a su fin. Notablemente, el señor Jara no se va porque no haya hecho nada para mejorar los resultados de los estudiantes. Más bien, se va porque molestó a los intereses sindicales y a los políticos demócratas que llevan en sus bolsillos traseros.

El martes, el señor Jara presentó su renuncia a la Junta Directiva. Su salida será efectiva el 22 de febrero, supeditada a la aprobación de un acuerdo de separación y una indemnización por despido. Sin embargo, no hay vuelta atrás para el superintendente. Tanto si el distrito cumple sus estipulaciones como si no –cualquier cosa que vaya más allá de las estipulaciones de su contrato actual debería estar fuera de toda duda–, el señor Jara no tiene ningún medio efectivo de influir en este momento.

Los detalles detrás de su decisión siguen sin estar claros, pero el superintendente había sido el blanco de las críticas de los intereses sindicales y los legisladores demócratas cuando se atrevió a enfrentarse a la Asociación de Educación del Condado Clark durante las negociaciones contractuales. Ambos se regocijaron al enterarse de la renuncia del señor Jara. Una declaración del sindicato acusó al señor Jara de “liderazgo engañoso”. El portavoz de la Asamblea, Steve Yeager, demócrata de Las Vegas, llamó a la decisión un “gran alivio”.

El mandato de cuatro años del señor Jara en el puesto más alto fue realmente poco inspirador. Destripó la disciplina escolar en nombre de la “equidad”. Impuso un sistema de calificaciones tonto y destructivo que premiaba la pereza y ayudaba a disimular el fracaso del distrito a la hora de educar a miles de estudiantes. Se hizo de enemigos durante los periodos de sesiones legislativas. Los resultados de los alumnos en los exámenes siguieron siendo pésimos.

Pero culpar al señor Jara de la arraigada mediocridad del distrito es irrisorio. La ofensa fatal del señor Jara fue molestar al sindicato y a los legisladores que reciben financiamiento para su reelección de este. La tensa relación alcanzó su punto más bajo en diciembre, cuando los legisladores demócratas retuvieron los aumentos legalmente autorizados para el personal de apoyo del distrito con el fin de presionar al señor Jara para que cediera a las demandas contractuales de los maestros. Días después, el sindicato hizo generosas contribuciones a uno de los legisladores implicados y a la líder de la mayoría del Senado.

Los problemas del distrito van mucho más allá del señor Jara y preceden en décadas a su etapa como superintendente. Entre los asuntos más destacados están una Junta Escolar que tendría dificultades para gestionar un local de limonada, ni hablar del quinto distrito más grande del país, y unos legisladores demócratas que durante años han tolerado el fracaso complaciendo a la clase dirigente de la educación y suavizando o destruyendo las reformas que podrían alterar el statu quo.

De ahora en adelante, el nuevo superintendente debería ser un reformador agresivo dispuesto a enfrentar a las fuerzas de la inercia y a establecer estándares elevados para educadores y estudiantes, al mismo tiempo que da la bienvenida a la responsabilidad y la transparencia. La pregunta es, ¿buscan lo mismo la Junta Escolar, el sindicato y los legisladores estatales?

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