Víctimas del tráfico sexual prosperan en su nuevo entorno en Las Vegas

Heather McGonigle, de 37 años, fotografiada en Las Vegas el viernes, 20 de diciembre de 2019, ...

Heather McGonigle afirma que el tráfico sexual a menudo proviene de los clubes de striptease y de la industria de la pornografía.

Ella lo sabe, así fue como ella fue convencida para unirse.

Mientras bailaba en su ciudad natal de Bradenton, Florida, la entonces joven de 27 años se enfrentaba a lo que ella llamaba una adicción funcional a la cocaína y la heroína. Era adicta, pero aún podía trabajar y llevar una vida casi normal.

Pero después de un tiempo, comenzó a notar que algunas de las otras chicas del club salían en “citas” con los clientes y acudían a fiestas posteriores para ganar un poco de dinero extra.

“Me dije a mí misma: ‘Déjame entrar en esto’”, dijo McGonigle. “Comienza todo glamoroso, luego, antes de darte cuenta, estás en la calle vendiéndote por 10 dólares”.

Relató que cayó en “el estilo de vida” rápidamente, y que le tomó casi una década salir. Fue arrestada docenas de veces y pasó la mayor parte de sus últimos 10 años entrando y saliendo de la cárcel por cargos de drogas y prostitución, dando a luz a dos de sus tres hijos tras las rejas. Ahora, es una cocinera de 37 años en el Strip que recientemente obtuvo su primera ficha de sobriedad de un año.

Lo que salvó la vida de McGonigle, dijo, fue el Refugio para Mujeres de Las Vegas, ahora quiere devolver el favor.

Una solución a largo plazo

Refuge for Women es una organización nacional diseñada para ayudar a las supervivientes del tráfico sexual. Robin Smith, directora de la ciudad para la sucursal de Las Vegas, dice que la organización tiene un enfoque único. En lugar de dar a las mujeres una canasta de comida y tal vez una o dos noches en un refugio, les lleva de nueve meses a dos años.

El Refugio para Mujeres cuenta con cinco casas en todo el país, y nunca deja a las sobrevivientes en la ciudad de donde vinieron, informó Smith, las traslada a otros estados para que no vuelvan a caer en su vieja rutina en las calles donde han estado trabajando durante años.

La organización sin fines de lucro se financia totalmente con donaciones y utiliza ese dinero para el mantenimiento de la casa, el pago de los vuelos de las sobrevivientes, el trabajo dental, los tratamientos médicos y más.

“Nuestro programa es de hasta dos años en los que las mujeres pueden vivir gratis y pasar por nuestro programa para ayudarlas a recibir terapia, asesoría, obtener esas habilidades para la vida que no tienen”, destacó Smith. “Las ayudamos a conseguir trabajo. Cruzamos la gama de lo que necesitan para ser sostenibles”.

Smith comentó que 13 mujeres se han graduado de la sucursal de Las Vegas desde que abrió en 2015.

Asistencia de la aplicación de la ley

El Departamento de Policía Metropolitana cuenta con un grupo de trabajo contra el tráfico de personas que incluye la brigada antidrogas del departamento; agencias de la ley a nivel local, estatal y federal; Refuge for Womens, el Rape Crisis Center, Seeds of Hope y una red de sobrevivientes que se reúnen mensualmente para discutir la mejor manera de ayudar a los sobrevivientes del tráfico de personas en el valle.

Cuatro veces al año, la brigada organiza un foro público, donde ofrece información educativa, incluyendo cómo reconocer las señales de tráfico de personas y qué recursos hay para los sobrevivientes. La próxima reunión se llevará a cabo a la 1 p.m. el 21 de enero en la sede central de la Policía Metropolitana, ubicada en 400 S. Martin Luther King Blvd.

La defensora de las víctimas Elynne Greene, indicó que no es raro que las mujeres y menores sean traficadas a lo largo de los burdeles en condados más pequeños donde la prostitución es legal, para luego ser llevadas a Las Vegas cuando se realizan grandes eventos en la ciudad.

Greene agregó que una de las maneras más efectivas de combatir el tráfico sexual es deshacerse de las imágenes engañosas y las estadísticas falsas.

“Cuando la víctima no ha sido atada, amordazada y no ha sido encadenada y encerrada en un armario, la pregunta que la gente se hace es: ‘¿por qué no huiste?’”. cuestionó Greene. “Y no es el caso de que estuvieran encadenadas literalmente, sino que es una cadena emocional que es aún más poderosa”.

Redada en un hotel en Texas

Christa Wagner, ahora de 37 años, relató que cayó en el tráfico sexual cuando tenía 17 años, después de obtener una identificación falsa para trabajar en un club de striptease en su ciudad natal de Texas. Añadió que su experiencia fue similar a la de McGonigle, empezó con el striptease y pronto eso se convirtió en acostarse con los clientes para financiar una adicción a la heroína que la paralizaba.

Durante casi dos décadas, fue traficada por un novio y tenía que venderse para pagar su próxima dosis. Fue forzada por un hombre que amaba y que ella pensaba que la amaba, apuntó.

Como dice Wagner, hay que drogarse con el tipo equivocado sólo una vez para ser absorbida por el mundo de la trata de personas.

Pero cuando la policía hizo una redada en el hotel La Quinta donde se alojaban en Texas, el traficante de Wagner fue arrestado. Wagner fue llevada a una sala de interrogatorios y pensó que sería arrestada, pero el gerente del hotel le comentó a la policía que había presenciado al hombre abusando de ella verbal y físicamente, así que la policía la dejó ir.

El problema era que no tenía adónde ir.

Una defensora de víctimas se enteró de la redada en La Quinta y conectó a Wagner con el Refugio para Mujeres. Encontraron un espacio abierto para ella en la casa de Las Vegas y le preguntaron si podía subirse a un avión al día siguiente.

El 25 de abril de 2017, Wagner llegó a Las Vegas y conoció a Smith, quien estaba a cargo de la casa de las mujeres en ese momento.

Smith era la mujer que finalmente cambiaría su vida.

Punto de inflexión

Smith describió que la mudanza a otro lugar país es a menudo un factor decisivo para las sobrevivientes y una manera para la organización de saber si las mujeres están realmente listas para seguir adelante y empezar de nuevo con una pizarra limpia. McGonigle dijo que a lo largo de los años ha hecho trampas en múltiples programas de recuperación a corto plazo, y no fue hasta que tocó fondo que decidió tomarlo en serio.

“Me esposaron en la parte trasera de un coche de policía otra vez, y simplemente se lo entregué todo a Dios”, relató McGonigle. “Recé y pedí ayuda y dije que iba a hacer lo que fuera necesario para cambiar mi vida”.

Encontró una organización en Bradenton llamada Selah Freedom, la cual la refirió al Refugio para Mujeres.

McGonigle puntualizó que cuando llegó a Las Vegas, vio a una de las mujeres con las que se había drogado cientos de veces en las calles de Florida, pero la mujer no estaba en el programa, ella lo dirigía. Estaba en una posición de liderazgo ayudando a mujeres como ella, y McGonigle dijo que ese fue el momento en que supo que podía cambiar su propia vida.

“Nos sentamos allí y lloramos juntas porque estuvimos juntas en las calles”, recordó McGonigle. “Así que pensé: ‘Amiga, ¿aquí es donde has estado? ¡Esto es increíble, quiero esto!”.

Tres niveles para el éxito

Después de fingir echarle ganas a las clases de programas anteriores solo para volver a las calles de Florida, McGonigle fue trasladada por el Refugio a Las Vegas para vivir con otras cinco sobrevivientes y embarcarse en un programa de tres niveles.

El primer nivel se enfoca en la curación, en llevar a las mujeres a una rutina diaria de comidas familiares en la casa, consejería, reuniones de recuperación, servicios religiosos, actividades recreativas y más.

El segundo nivel se enfoca en habilidades de vida y empleo, mostrando a las sobrevivientes cómo pueden perseguir una educación o una carrera. Las mujeres toman clases para aprender habilidades que incluyen la preparación de un currículum vitae, la práctica en simulacros de entrevistas y la planificación financiera.

El tercer nivel es opcional y se lleva a cabo después de que las sobrevivientes se gradúan del programa inicial de nueve meses. Los graduados tienen la opción de mudarse a una casa de transición, donde tienen más libertad para comenzar sus vidas.

Smith indicó que la mayoría de las mujeres en el programa de transición tienen trabajos y se encargan de hacer sus propias citas y de cubrir sus propias finanzas, pero todavía tienen personas en el hogar que las hacen responsables.

Esperanza para el futuro

Tanto McGonigle como Wagner se graduaron de Refugio para Mujeres y han comenzado sus nuevas vidas en Las Vegas.

Ambas participan en la organización y trabajan para crear conciencia, especialmente durante el Mes de Concienciación sobre la Trata de Personas en enero.

Wagner está casada y trabaja como defensora de sobrevivientes en Refuge for Women, determinada a ayudar a otras a encontrar una historia de éxito como la suya. A menudo va a su casa en Texas para visitar a sus hijos, quienes están viviendo con sus padres.

Indicó que ha trabajado duro para reavivar las relaciones con sus hijos y habla con ellos por teléfono frecuentemente.

McGonigle se graduó de la escuela culinaria y trabaja como chef en un exitoso restaurante. Sus hijos están de vuelta en Florida y, aunque todavía no se siente preparada para regresar a su ciudad natal, este es el primer año que ha podido comprarles regalos de Navidad.

Dijo que todavía está en contacto con sus asesores en el Refugio para Mujeres y con las mujeres que vivían en la casa con ella.

“Estoy muy bendecida por haber tenido esa oportunidad en Refuge”, concluyó McGonigle. “Cambió toda mi vida”.

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