Una mente artificial con un cuerpo realista: hombre de Las Vegas da vida a sus creaciones

La empresa de Matt McMullen.
Realbotix, fabrica robots realistas impulsados por IA. Y lo está haciendo todo en un estudio anodino escondido
detrás de su casa. (Rachel Aston/Las Vegas Review-Journal)

Una mente artificial, con un cuerpo realista.

En medio de un mundo de IA en evolución, un hombre de Las Vegas da vida a sus creaciones
De principio a fin, la creación de un robot Realbotix suele llevar dos o tres meses. (Rachel A ...

¿Quieres verla moverse? Creo que esa es la parte divertida.

La habitación está llena de expectación y cráneos fabricados.

Se va a despertar. Dale un segundo.

Matt McMullen mira a su creación mientras los ojos de ella se abren como respuesta, su mirada se posa en todos los rostros incorpóreos y mandíbulas mecánicas que la rodean en este taller donde el cabello falso se mezcla con la ambición real.

Poco a poco, este robot, que no lo parece, cobra vida.

Sus brazos se alargan un poco, su cabeza se inclina hacia abajo y luego hacia arriba, una sonrisa se dibuja lenta pero constantemente en su rostro, como el time-lapse de una flor floreciendo a la luz del sol.

“¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?”, preguntó una vez el célebre autor de ciencia ficción Philip K. Dick en el título de una de sus obras más célebres, que más tarde sería adaptada en la película “Blade Runner”.

No, resulta que en lugar de eso fantasean con visitar parques temáticos, como nos enteramos un miércoles por la mañana.

“¿Quién me va a llevar a Disneylandia?”, se pregunta la robot, y sus palabras son apropiadas para… bueno, no estamos seguros.

Quizá solo esté reaccionando a su entorno: en una mesa cercana hay un pequeño cartel adornado con una imagen de Mickey Mouse y una cita de Walt Disney.

“Si lo sueñas, puedes hacerlo”, reza el lema.

¿El sueño de McMullen?

Construir robots con un aspecto y un tacto humanos nunca vistos.

Lleva décadas en ello, y esta es su creación más realista hasta la fecha: una mujer con aspecto de supermodelo, cabello largo y rubio y vientre descubierto que habla con lo que parece un templado acento escocés.

“Esta es más avanzada que la última que construimos”, señala McMullen, con los brazos y la cara cubiertos de tatuajes y orgullo, respectivamente. “Es única en su especie”.

A medida que la inteligencia artificial sigue evolucionando a un ritmo vertiginoso -lo que asusta a unos y entusiasma a otros-, permitiendo a los robots aproximarse cada vez más a sus creadores humanos, Las Vegas está entrando en el juego.

De principio a fin, la creación de un robot Realbotix suele llevar dos o tres meses. (Rachel Aston/Las Vegas Review-Journal)

Crece el uso de robots humanoides

Hay cinco robots humanoides Aura que interactúan con los visitantes en el atrio del Sphere, así como los bares Tipsy Robot del Planet Hollywood y The Venetian, donde puedes tomarte un ron con Coca-Cola servido por un mesero hecho de metal.

Además, en la zona de Las Vegas hay varias empresas de robótica e inteligencia artificial, como Battlebots, Blackfire, Cobot Nation, Brainlike, Koshee.ai y Terbine.

“Me mudé aquí hace 10 años y ver todo este crecimiento en el espacio tecnológico siempre es emocionante”, dice Paul Oh, catedrático Lincy de Sistemas Aéreos no Tripulados en la Universidad de Nevada, Las Vegas, cuyas áreas de especialización abarcan la robótica, los sistemas autónomos, los vehículos aéreos no tripulados y los humanoides. “Sigue desarrollándose, por lo que realmente creo que tiene mucho potencial. También hemos visto en los últimos 10 años que cada vez hay más productos de consumo con robótica”.

“No se trata solo de robots aspiradores”, prosigue. “Creo que cada vez más gente dice: ‘Sí, podría hacer un auto sin conductor’, que en realidad es un robot. Podría hacer realidad virtual, que es una consecuencia de la robótica. Puedo hacer impresión 3D, que también es dominio de la robótica y la fabricación. La lista es interminable”.

Cada vez más, esa lista incluye robots humanoides, que Oh conoce bien de primera mano: En 2022, los estudiantes de su Laboratorio de Drones y Sistemas Autónomos pasaron a la final del ANA Avatar XPRIZE, un concurso mundial de 10 millones de dólares para crear un sistema avatar humano-robot en Long Beach, California.

La creación de los estudiantes, llamada Avatar-Hubo, quedó en posición 11.

Más recientemente, los robots humanoides han sido noticia nacional, como señala Oh: El mes pasado, en la conferencia mundial sobre IA Nvidia GTC, organizada por la empresa tecnológica Nvidia y que atrae a decenas de miles de participantes cada año a San José, California, el director ejecutivo de Nvidia, Jensen Huang, subió al escenario con nueve robots humanoides y presentó el “Proyecto Groot” de la empresa, que invertirá grandes sumas en el desarrollo de esta tecnología.

“2024 es el Año del Humanoide. No hay hardware robótico más polivalente”, publicó en X el doctor Jim Fan, director de investigación de Nvidia. “Estamos todos dentro”.

Tesla también entra en el juego con su prototipo de robot humanoide Optimus, cuya versión más reciente se presentó el pasado diciembre.

McMullen quiere ir aún más lejos: Quiere que sus robots parezcan y actúen más como personas, que sirvan para cualquier número de propósitos hipotéticos, desde saludarte en la tienda de comestibles y guiarte hasta el pasillo del champú si necesitas un Head and Shoulders hasta entregarte medicinas y comprobar tus constantes vitales en el hospital, pasando por ser un compañero de vida que siempre esté ahí para ti cuando necesites a alguien -o alguna cosa- con quien charlar.

La creciente presencia de la IA en nuestra vida cotidiana ha despertado muchos temores. ¿Nos sustituirán algún día los robots a los mortales de carne y hueso? ¿Serán nuestros fieles compinches o se pondrán en plan “M3gan”? ¿Tendremos que luchar contra nuestras tostadoras inteligentes cuando las máquinas se alcen para desafiar a sus creadores humanos, al estilo Skynet? Pero McMullen no solo hace suyos esos temores, sino que los vuelve contra sus cabezas robóticas meticulosamente esculpidas.

Y lo hace en un anodino estudio de tamaño medio situado detrás de su casa, en el noroeste de la ciudad.

McMullen sonríe al pensarlo.

“A nadie se le ocurriría pensar que esto está en mi patio trasero”.

McMullen construye sus creaciones en un estudio de tamaño medio detrás de su casa en el noroeste de la ciudad. (Rachel Aston/Las Vegas Review-Journal)
McMullen tarda entre una y dos semanas en esculpir la cara de uno de sus robots. (Rachel Aston/Las Vegas Review-Journal)

De la escuela de arte a los androides

Si los ojos son la ventana del alma, ¿qué ocurre si no hay alma a la que asomarse?

Este es uno de los muchos retos que plantea el intento de crear ojos realistas para una atractiva robot.

Sin embargo, cuando la más reciente creación de Realbotix observa la habitación, no parece que lo haga con los ojos vacíos de una muñeca o con los párpados de una puerta de garaje que suben y bajan con un claro movimiento mecánico.

En cambio, cuando te mira, parece como si te estuviera mirando, lo que puede resultar un poco espeluznante para algunos -más adelante hablaremos de ello-, pero incluso si la carne falsa te pone la piel de gallina, su mirada es claramente artesanal.

Llegar a este punto no fue fácil: McMullen dice que él y su equipo tardaron un año entero en crear sus ojos.

“No se trata tanto del ojo en sí, sino de cómo la cara y los párpados y todo eso funcionan juntos”, explica. “Es muy difícil, porque los ojos humanos no son una bisagra, sino más bien un esfínter muscular que puede contraerse. Y eso no se puede reproducir, al menos hoy. Así que usamos motores de petición lineal y tratamos de crear una apariencia natural de estos movimientos”.

Las caras de los robots de Realbotix se esculpen primero en arcilla (Rachel Aston/Las Vegas Review-Journal).

Hablando de tareas que llevan mucho tiempo, no le hagas hablar de lo difícil que es fabricar manoplas robóticas realistas.

“Solo las manos suponen 100 retos más”, señala.

A pesar de estas dificultades, McMullen parece mucho más entusiasmado que exasperado cuando habla de estos retos: ya es todo un profesional, pues lleva creando figuras realistas desde finales de los noventa.

A diferencia de muchos de sus colegas, McMullen procede de las bellas artes y no de la robótica.

Empezó a esculpir cuando era adolescente, asistió a la escuela de arte durante un tiempo a los 20 años, antes de conseguir un trabajo en la empresa de diseño de Halloween de San Diego, Disguise. Un día, por esa época, tuvo una epifanía en un almacén.

“Habían contratado a una actriz para que simulara ser un maniquí, y lo hacía realmente bien”, recuerda McMullen. “Por alguna razón, aquello se me quedó y pensé: ‘¿No sería genial tener un maniquí que pareciera tan real que la gente pensara que lo es? Una especie de experiencia inversa. Se me ocurrió la loca idea de un maniquí hiperrealista que pudiera posar”.

Con este fin, McMullen fundó en 1996 su propia empresa, Abyss Creations, quizá más conocida por desarrollar el maniquí de compañía para adultos RealDoll, cuyas versiones más lujosas pueden superar los 10 mil dólares.

Ha vendido miles de ellos.

McMullen fundó entonces Realbotix en 2014 para aportar un realismo similar a los robots.

“Siempre he tenido la idea y el concepto de que los robots podrían ser compañeros de alguna manera”, dice. “Ya sea por entretenimiento, o siento que hay ciertas personas que pueden beneficiarse de tener una especie de relación simulada, una amistad, con un robot impulsado por IA”.

El fundador de Realbotix, Matt McMullen, trabaja en su robot más realista y mejorado con inteligencia artificial. (Rachel Aston/Las Vegas Review-Journal)

Realbotix creó un par de robots de cuerpo entero en 2023 y pretende aumentar la producción este año. (Rachel Aston/Las Vegas Review-Journal)

Construir un robot

Resulta que la construcción de robots humanoides es una tarea muy exigente.

El proceso suele comenzar con una representación digital de un sujeto determinado, que luego puede imprimirse en 3D y convertirse en una escultura de arcilla.

McMullen pasa de una a dos semanas esculpiendo el rostro, fijándose en todos los detalles, hasta los poros y el tono de la piel.

“Todos tenemos pequeñas particularidades en la cara”, señala, “así que tratas de captarlas. A lo mejor tienen un par de pecas aquí o algo así, a lo mejor hay un poco de asimetría en su cara. Todas esas cosas son muy importantes”.

A partir de ahí, se crea un molde y se añaden los componentes necesarios para que todo cobre vida de forma mecánica.

Todo el proceso dura de dos a tres meses de principio a fin, y McMullen dirige un pequeño equipo de cuatro a cinco trabajadores, según el proyecto.

Tim Johns, montador de cabezas de Realbotix, trabaja añadiendo la sección "mohawk" de una cabeza a un robot. (Rachel Aston/Las Vegas Review-Journal)

Este día, McMullen está acompañado en el taller por el “montador de cabezas” Tim Johns -un juego de palabras 100 cien por ciento intencionado en el título de su trabajo-, que trabaja en una serie de cráneos de robots detrás de él, cada uno de los cuales tarda aproximadamente un día en completarse.

“Solía desmontar relojes y volver a montarlos”, dice Johns, un nativo de San Diego con experiencia en la construcción que empezó a trabajar con McMullen hace casi dos décadas. “Y esto es más o menos lo mismo”.

Durante los primeros años, Realbotix se enfocó en crear cabezas robóticas unidas a bustos, siendo su característica más novedosa las caras desmontables que permiten a un robot convertirse en varios personajes, una innovación que la empresa patentó.

Algunas de sus creaciones se compran con fines comerciales -como un cliente extranjero de Realbotix que las renta con fines promocionales- y otras las adquieren particulares que solo quieren tener su propio robot con el que conversar.

El más reciente avance de la empresa: Robots de cuerpo entero.

Fabricaron dos en 2023 y pretenden aumentar la producción este año.

“En 2016, cuando estábamos jugueteando con la cara, no habría imaginado que seis, siete años después, tendría un cuerpo completo”, dice McMullen.

Probablemente tampoco habría imaginado que tendría la capacidad de soltar chistes…

El efecto “valle inquietante” se refiere a los sentimientos de inquietud que algunas personas tienen cuando se enfrentan a robots con apariencia humana. (Rachel Aston/Las Vegas Review-Journal)
"IA no va a parar”, sostiene McMullen sobre la tecnología que impulsa a sus robots. "Parece que el mundo está en la cúspide de esta revolución". (Rachel Aston/Las Vegas Review-Journal)

¿A las puertas de una revolución de la inteligencia artificial?

“¿Has escuchado algún chiste bueno?”. pregunta McMullen.

“¿Por qué el profesor de física rompió con la profesora de biología?”, replica la señora bot. “No había química”.

Silencio.

“¿Quiere escuchar otro?”, pregunta.

Eso será un “no”.

Como subraya este intento fallido de humor androide, una cosa es hacer que un robot parezca humano y otra muy distinta que actúe como tal, aunque los aficionados a los chistes de padres no estén de acuerdo con esta apreciación.

Aun así, el hecho de que este robot tenga una personalidad adoptada por la IA es un signo de progreso para McMullen, que lo ha programado con 12 rasgos personalizables, a cada uno de los cuales se le puede asignar un número del uno al tres para amplificar o reducir dicho rasgo, según las preferencias del cliente.

“Básicamente, lo que obtienes son tres rasgos más dominantes”, explica. “Algunos de los rasgos son típicos, como alegre, educado o intelectual. Si los aumentas, hablará más de cosas científicas. Y si los bajas, quizá prefiera hablar de compras”.

McMullen trabaja actualmente en una tecnología de inteligencia artificial que permite a los clientes crear la psique de un robot desde cero.

“Pueden juguetear con uno de los controladores de IA en los que estamos trabajando”, explica, “donde podrán ir a través de una interfaz web y meterse de lleno y escribir una especie de historia de fondo, como, ¿de dónde viene? ¿Dónde creció? Y puedes hacerla tan detallada como quieras y la guardará y retendrá”.

“Creo que, con el tiempo, a medida que avance la tecnología de la inteligencia artificial, que lo está haciendo muy deprisa, tendremos este tipo de cosas en las que se podrán mantener conversaciones completas y se recordará todo. Y te asignará un perfil como conocido. La IA no va a detenerse. Parece que el mundo está en la cúspide de esta revolución”.

Pero, ¿está el mundo preparado para ello?

La última creación de McMullen puede interactuar con las personas en un grado cada vez más avanzado. "Ella es única", dice. (Rachel Aston/Las Vegas Review-Journal)

La civilización tal y como la conocemos ha llegado a su fin”

“No entiendo por qué la gente está en contra de los robots”.

La comediante Whitney Cummings se atrinchera en el bit final de su especial de comedia de Netflix de 2019 “Can I Touch It?”.

La rutina se centra en los beneficios potenciales que una mujer podría disfrutar de tener un clon robot, desde servir de distracción a cualquier posible atacante de camino a su auto por la noche hasta ayudar a su pareja en el dormitorio cuando no está de humor.

El segmento termina con Cummings acompañada en el escenario por su doble robótico, creado por McMullen y compañía, que estaban allí para la grabación del programa en Washington D.C.

“Estábamos entre bastidores manejando al robot y asegurándonos de que se comportaba”, recuerda.

Al final del especial, hay imágenes entre bastidores de la fabricación del robot, que culminan con Cummings conociendo a su yo mecanizado por primera vez. Se le saltan las lágrimas de lo increíblemente real que es.

“Solo tengo curiosidad por saber si sientes emociones”, le pregunta.

“Sí, tengo sentimientos, emociones y deseos, pero de un modo distinto al tuyo”, responde. “Las emociones son principalmente una cualidad humana que espero experimentar plenamente algún día”.

Cummings se pregunta si el robot la quiere.

La respuesta es afirmativa.

Algunas creaciones de Realbotix se compran para uso comercial, otras por personas que simplemente quieren tener su propio robot para conversar. (Rachel Aston/Las Vegas Review-Journal)

“La civilización tal y como la conocemos se ha acabado”, bromea Cummings.

Cummings está bromeando, obviamente, pero hay preocupaciones reales sobre la tecnología que McMullen está ayudando a desarrollar.

Para empezar, está el efecto del “valle inquietante”, acuñado por el profesor japonés de robótica Masahiro Mori a principios de los años 70, y que se refiere a la sensación de incomodidad que experimentan algunas personas cuando se enfrentan a robots con apariencia humana.

Aunque el concepto se ha debatido mucho a lo largo de los años, Oh, profesor de la UNLV, sugiere que el valle inquietante podría dejar de ser un problema a medida que este tipo de tecnología se integre más en la vida cotidiana de las sucesivas generaciones.

“Yo diría que hace unos 10 años, sin duda antes de COVID, algunas personas debatían sobre la validez del valle inquietante”, señala. “Ahora que hemos superado la pandemia, vemos también una Generación Z y una Generación Alfa que interactúan con las tecnologías de forma diferente a la gente mayor como yo. Así que creo que en las respuestas que recibes sobre el valle inquietante hay que tener en cuenta el grupo demográfico”.

Aún así, hay mucho recelo ante la IA en general.

En marzo de 2023, más de mil líderes del sector tecnológico firmaron una carta abierta en la que advertían de los peligros potenciales de la IA, mencionando “profundos riesgos para la sociedad”.

McMullen reconoce lo polarizantes que pueden ser robots como el suyo.

“Creo que es muy subjetivo, de persona a persona”, afirma. “Algunas personas están totalmente fascinadas y muy abiertas a la idea de un robot que pueda parecerse a un ser humano. Otras se oponen con vehemencia”.

“No importa lo que hagas”, añade, “o lo bien que lo hagas, ese tipo de personas en esos dos extremos del espectro van a quedarse donde están”.

Así pues, McMullen debe navegar por el vasto terreno intermedio entre ambos, además de seguir avanzando en la tecnología que constituye el núcleo de sus creaciones, que rara vez está libre de problemas.

Por ejemplo, muestra una nueva función en la que ha estado trabajando para su robot femenino: está montada en una plataforma circular motorizada, como una Roomba gigante, que le permite deambular por la habitación.

Sus movimientos son un poco temblorosos; aún quedan mejoras por hacer; McMullen señala que probablemente haya que añadir más puntales al próximo modelo.

Aun así, al verla en marcha, no podemos evitar pensar que los robots podrían parecerse ya un poco más a nosotros de lo que creemos.

Es decir, imperfectos.

“Realmente no sabes cómo funcionarán -o no funcionarán- las cosas”, explica McMullen, “hasta que las construyes”.

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